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Chicas Buenas
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Chicas Buenas

Ella es «una chica buena»,
Es la favorita de papi.

Bella sonrió mostrando sus dientes mientras su madre se encargaba de dar la bienvenida a todos los invitados que llegaban a su hogar.

Tener una familia adinerada era difícil… Pero ¿ser un Lewis? Pfff, mejor ni lo imagines.

Ser una de las familias más influyentes de Londres y tener que seguir tantos códigos y reglas puede ser algo asfixiante… Más si no estás de acuerdo con ellas pero aún así debes seguirlas porque «eso es lo que debería hacer una dama».

¿No me crees? Ven y pregúntale a Bella.

La chica suspiró y luego recompuso su sonrisa forzada mientras mares y mares de empresarios, artistas y algún que otro integrante de la familia real entraban a su hogar. Definitivamente odiaba aquello.

— Bella, cariño, te presento a Jon —.

Internamente, la chica rodó los ojos y miró al muchacho con desdén. Detestaba con todo su ser cada vez que algún chico le agradaba a su madre, debido a que esta trataba de obligarla a ser la pareja de dicho «hombre digno» para ella. Igual que con absolutamente todo.

Su estilo,
Su manera de hablar,
Su manera de ser,
Su manera de respirar,

Su madre era excesivamente controladora.

— Es un placer poder conocerte, Jon — dijo la muchacha posando la sonrisa más hipócrita que pudo hacer en aquel momento. En respuesta, el tal Jon tomó la mano de la chica y posando un leve beso en el dorso de la misma respondió:

— El placer es mio, hermosa dama —.

Bella mantuvo su sonrisa y luego miró a su madre, para luego zafarse del leve agarre del chico y escuchar a su progenitora continuar.

— Jon acaba de ganar una beca en Harvard

Sabes que ella podría hacerlo.

» Por lo cual me ha pedido que pases con él estos últimos meses que estará por aquí —.

— Eso me encantaría — mintió la chica mirando al rubio mientras sonreía de lado — Pero, lastimosamente, estos próximos meses debo estudiar más para poder presentar mi prueba en MIT — eso era una verdad a medias. Si bien era cierto que dentro de dos meses haría una prueba para entrar al instituto de tecnología, lo que menos haría sería estudiar. Realmente las ciencias no le interesaban en lo absoluto, pero, para mantener «la clase» de su familia, estaba forzada a estudiar alguna carrera completamente aburrida y extenuante.

—Ah, lo olvidaba — la madre de Bella sonrió dando un beso en la mejilla de su hija y luego miró a Jon — Mi hija es la más inteligente de su clase, y fue escogida entre los 10 mejores para presentar una prueba de admisión en MIT —.

— Comprendo la magnitud del asunto — asintió Jon sonriéndole a la chica — No cualquiera llega a calificar para tal universidad. No se preocupe, señorita Lewis, cuando vuelva podemos pasar algo de tiempo juntos —.

— Eso suena maravilloso —.

— Me encantaría continuar con esta amena y agradable charla — «Dios, perdóname por mentir tanto» pensó Bella luego de decir aquello — Pero, madre, realmente me hallo extenuada, por lo cual me gustaría poder retirarme a mi habitación para descansar un poco —.

– Sería genial que te quedes un rato más con… —.

— No es necesario, señora Lewis — interrumpió Jon sabiendo qué iba a decir la mujer — Si su hija se halla cansada, no veo razón para hacerla pasar más tiempo despierta cuando cómodamente podría ir a tomar una siesta. Podemos seguir hablando en otro momento —.

Pierce, hasta hace 5seg me parecías el ser más arrogante y molesto del mundo. Creo que ahora me agradas un poco.

Nota mental de: Bella.

para: Pierce.

— En ese caso… Bien — la mujer dio una mirada a su hija y luego de dar un asentimiento de cabeza, la chica sonrió y luego de despedirse, se escabulló rápidamente entre las personas presentes para dirigirse a su habitación y acabar con aquella tortura de una vez por todas.

Luego de cerrar la puerta de su habitación con cerrojo, se deshizo de los tacones negros y el vestido rosa que portaba, echándolo rápidamente dentro del cesto de ropa sucia y poniendo los zapatos dentro de su closet, luego de eso, su vista viajó hacia el anexo que tenía su habitación, el cual era usado como un vestier, y levantando una tabla del suelo encontró lo que buscaba.

Dentro de lo que sería perfecto para una princesa o una Fresa, Bella escondía lo que era perfecto para ella.

Del cajón secreto sacó unos jeans rotos, un crop-top color negro, una chaqueta de Jean bastante básica, unas botas militares del mismo color del top y unas cadenas para decorar sus jeans.

Se cambió de ropa y luego se miró frente al espejo, se deshizo de todas las joyas que tenía. Anillos, pulseras, la diadema que adornaba su cabello, collares, todo. Luego se quitó todo maquillaje que tenía y luego se limitó a usar un poco de rimel y un labial de un color rojo oscuro; terminado eso, recogió su cabello en unas trenzas de boxeador para no tener que lidiar con su cabello platinado y sentirse más cómoda.

Luego de asegurarse de que nadie se hallaba en la parte externa de su hogar, Bella bajó las escaleras de emergencia y corrió lejos de su hogar lo más rápido que pudo.


Luego de alejarse unas cuantas cuadras, comenzó a caminar con calma. Sus únicas horas de escape eran durante la noche, porque esas eran eran las horas en las que «estudiaba» o «dormía».

O al menos eso es lo que asumen sus padres…
Pero en la parte oscura de la habitación, donde nadie hace las leyes, ella está con su chico… Y no leyó eso en ningún libro.

Sus pasos fueron interrumpidos por alguien que halaba de ella y juntaba sus labios de una manera necesitada y desesperada.

Bella tomó aquello de la mejor manera posible, debido a que ya sabía quién era el causante del acto.

Sonrió sobre los labios del chico y luego posó una de sus manos en la mejilla del mismo, mientras que los brazos del muchacho bajaban hasta la cintura de ella para abrazarla y hacer que la distancia entre ellos fuera completamente eliminada.

Damián estaba acostumbrado a aquella rutina. Esperar en el mismo callejón a su amada cada noche, para poder vivir «su propio cuento de hadas» cada vez que el sol se escondía y gran parte de la ciudad dormía.

Su beso era alzado y desesperado; debido a las largas y tediosas conferencias dadas por su padre, las pasadas dos semanas Bella estuvo ausente en la vida de Damián y en aquel callejón de Londres, el cual ya tenía la costumbre de acogerlos entre sus sombras e iluminar sus rostros para que los jóvenes pudieran grabar para siempre aquellas sonrisas y caricias.

— Te extrañé tanto — murmuró el chico separándose de los labios de la rubia y dejando besos al rededor de su cara mientras soltaba comentarios como «te amo» «no vuelvas a viajar con tus padres» «la próxima voy en tu valija» y cosas parecidas.

Bella solo podía reír mientras trataba de apartar la cara para dejar de recibir tantos besos, hasta que eventualmente tomó al chico por las mejillas y plantó un beso decidido en sus labios; solo para indicarle que se detuviera.

— No quiero irme de nuevo — aseguró la chica para luego abrazar al chico con todas sus fuerzas, dejando que Damián la cargara y correspondiera a su abrazo sin dudarlo.

— Espera, dijiste… —.

— Mis padres quieren enviarme a Massachusetts — musitó la chica sin apartarse de él — quieren que estudie en el instituto de tecnología pero yo… —.

— Hey hey hey — el chico detuvo a Bella y la dejó en el suelo cuidadosamente antes de apartarla de él y hacer que la mirara — A mi me importa una mierda lo que tus padres piensen, la única decisión que me importa es la tuya — y luego de secar una lágrima traicionera que corría por la mejilla de la chica continuó — ¿Tú quieres ir a Massachusetts? — preguntó mirándola atento. Desde el día que la razón de las escapadas nocturnas de Damián tuvieron un nombre y un apellido, supo que el día que estas acabaran su corazón se quebraría de una manera prácticamente irreparable… Pero por ella lo valía. Sabía que los padres de Bella eran altamente controladores, no quería formar parte del grupo de personas que ponían limitantes a la vida de la chica.

— No — respondió en un hilillo de voz mientras bajaba la mirada y cerraba los ojos para no llorar — Claro que no quiero irme — murmuró sintiendo su voz quebrarse — No quiero ir a Massachusetts, no quiero estudiar ciencias, no quiero seguir ocultándome, no quiero levantarme cada mañana y recordar lo mal que estoy por no poder solo decirle a mis padres que me importa… — se detuvo a si misma cuando un sollozo salió por sus labios. Aquello de verdad dolía — Que no me importa lo que cualquier otra persona piense de mí — y sin más, Damián abrazó a Bella para que esta llorara con libertad, simplemente la dejó desahogarse — No quiero seguir siendo una chica buena — murmuró al final sorbiendo su nariz y secando sus lágrimas.

— Alguna vez escuché a alguien decir que las chicas buenas solo son chicas malas que no han sido descubiertas — comentó el chico recordando la primera vez que había visto a Lewis, sin duda lo mejor que le pudo haber pasado — Y… Creo que a veces es mejor ser una «chica mala» a solo seguir órdenes por miedo a lo que pueda pasar —.

— Lo he pensado millones de veces — murmuró la chica — Pero… Mis padres me enviarían de clavado a un instituto de modales y realmente tendría un efecto contrario a lo que quiero —.

— Te ayudaré a que eso no suceda — aseguró Damián mientras acunaba sus mejillas con sumo cuidado, como si estuviese tomando una muñeca de porcelana.

— ¿Cómo? —.

— Tú déjamelo a mi —.

– Me preocupas — murmuró la chica frunciendo un poco los labios, sin tener ni la más mínima idea de lo que Damián tramaba.

— Tranquila, no haré ninguna locura — aseguró antes de dar un pequeño beso en la comisura de los labios de la chica — ¿Por ahora… ¿Qué te parece si damos una vuelta? —.

— me encantaría — respondió Bella con una sonrisa antes de tomar la mano del chico y comenzar a caminar bajo la leve luz de las farolas que adornaban las calles de Londres… Y, sin saber exactamente porqué, aquella noche las luces le parecieron más brillantes que otras veces.

.XXX.

A la mañana siguiente, luego de una de las noches más románticas y bonitas que pudo haber tenido en sus 17 años de vida, Bella bajó las escaleras para dirigirse a la cocina de su hogar a buscar algo para desayunar.

Al llegar al comedor, sus padres desayunaban mientras algunas de las señoras de servicio de su casa se movían de un lado a otro, algunas llevando y trayendo platos, otras limpiando.

Bella tomó asiento en la mesa de vidrio rectangular y solo dos segundos fueron necesarios para que una taza de té humeante junto a un pequeño envase de porcelana lleno de azúcar se presentaran frente a ella.

— ¿Qué le gustaría para desayunar, señorita Lewis? — preguntó la mujer que le había traído el té a la chica.

— Me gustaría comer unos… —.

— Con permiso, buenos días, discúlpenme — Scott, el mayordomo de la casa, entró en la sala y todos los presentes prestaron atención a lo que él tenía que decir — señorita Lewis, su invitado ha llegado —.

Ahora la vista pasó a Bella quién alzó una ceja. Ella no había invitado a nadie.

— Mi invita… — «No voy a hacer ninguna locura» — Déjalo pasar y dile que venga acá — ordenó decidida y los padres de la chica se miraron extrañados.

— Bella, ¿A quién has invitado? — cuestionaron los padres mirando a su hija, mientras esta se encogía de hombros y echaba una cucharada de azúcar a su té para luego revolverlo.

Todos se hallaban en relativa calma hasta que lo vieron.

Tenía piel tostada y ojos negros. Definitivamente no era de esos lados. Su cabello oscuro con un par de mechones teñidos de azul. Su camiseta ya desteñida de Nirvana, sus jeans rotos y sus converse rojas le dieron mala espina a los padres de la chica, más esta se levantó y recibió al chico con un abrazo.

— Cuando dijiste que no ibas a hacer ninguna locura, supuse que hacer esto entraba dentro de ese cuadrante — susurró en su oido mientras lo abrazaba.

— Supuse que sabrías que para mí esto no califica como locura — susurró de vuelta apartándose para luego dejar un beso en sus labios, los jóvenes oyeron una taza caer.

— ¿Qué te has creído, muchacho insolente? — la madre de Bella se levantó ignorando los vidrios rotos que acaba de dejar y tomó a Bella del brazo para apartarlo de aquel «chico tóxico».

— Creo que no me llamo «Muchacho Insolente» — comentó con leve ironía el chico mientras Bella abría los ojos de par en par y negaba con la cabeza, aún así, el chico continuó — Soy Damián Navarro, el novio de su hija —.

La madre de Bella apretó más el agarre en su hija, haciendo que sus uñas se clavaran y Bella chillara debido al dolor que esto le producía.

— Tú nunca estarías a la altura de mi hija — respondió la mujer con desdén — Solo mírate — siguió señalando con asco al chico — Tu forma de vestir te delata, no eres más que otro chico de clase baja que nunca… —.

— Basta —.

La madre de Bella se volteó perpleja a ver a la chica, quién se había apartado de su madre y le había ordenado de manera decidida y sin titubeos que se detuviera. Sin duda una gran falta a la autoridad de su progenitora.

— Damián no es ningún vándalo, y te informo que sí — la chica miró al castaño, quien le dio una sonrisa de boca cerrada al verla — Sí está a mi altura y ha sido la única persona en mi vida que pude elegir por mi cuenta… Realmente no me arrepiento — aseguró la chica cruzándose de brazos mientras miraba a su madre con la cara en alto. Si algo no iba a tolerar era escuchar a su madre insultar a Damián como se le diera la gana, porque ella menos que nadie tenía el derecho de hacerlo — Así como tampoco me voy a arrepentir de decirte esto. No pienso estudiar ciencias, ni MIT ni en ningún otro lado. Estoy harta de darle una falsa imagen de una fresa hipócrita y mimada al mundo; de ahora en adelante las decisiones de mi vida las tomo yo, y no hay nada que puedas hacer para detenerme — decretó mientras su madre escuchaba atónita.

— Esto tiene que ser una broma — negó la mujer mientras pasaba su vista entre ambos jóvenes — No voy a permitir que todo el linaje Lewis se hunda por… —.

— ¿La felicidad de tu hija y darle la oportunidad de que ella escoja lo que le parece mejor? Eso es egoísta — interrumpió el chico mientras miraba a Bella — Sé que usted menos que nadie lo ha visto, pero el brillo que toman los ojos de Bella cuando hace lo que le apasiona no tiene precio — comentó antes de acercarse a la mencionada y abrazarla por la espalda — Y creo que esa felicidad valdría la pena y también podría llegar a enaltecer a los Lewis algún día —.

— No te atrevas a hablarme así — amenazó la mujer a Damián, quien apartó a Bella de su alcance para que la mayor no quitara a la muchacha de su lado — Tú no tienes derecho a hablar acerca del futuro de Bella — escupió con rabia señalando al chico. En respuesta, este asintió la cabeza.

— Es así — le dio la razón — Ni yo ni nadie tiene el derecho de hablar acerca de un futuro que solo Bella puede escoger — enunció con calma y la madre de Bella estaba a punto de estallar. Nunca se había cruzado a alguien tan insolente en su vida.

— Lárgate de mi casa — dijo la mujer al borde de un colapso — ¡Ahora! — gritó desesperada.

— Esta es mi casa —.

Todos voltearon a ver al padre de Bella, quien hasta el momento solo se había mantenido expectante.

El hombre se levantó de la silla en la que se hallaba y solo se acercó a Damián para hacer un movimiento que sacaría todo de lugar.

El padre de Bella abrazó al castaño.

Madre e hija se miraban, una de ellas con una sonrisa de superioridad y la otra con una cara de sorpresa invaluable.

— ¿¡Estás del lado de este vándalo!? — exclamó escandalizada la mujer.

— Estoy del lado de la persona que quiera lo mejor para mi hija — respondió simple y se acercó a Bella para dar un beso en su frente — Y si este chico dice que mi hija tiene muchísimo más potencial si se le encamina en lo que le gusta, le creo. Nosotros hemos creado un modelo de hija perfecta para nosotros, no conocemos a la verdadera Bella — Damián sonrió con orgullo mientras que Bella solo abrazó a su padre con fuerza.

— Gracias — susurró la chica antes de apartarse de su padre.

— Cuando lo necesites, princesa — respondió el hombre de vuelta haciendo que la sonrisa de la rubia creciera como nunca en su vida.

15 años después…

— ¡Señorita Lewis! ¡Por aquí! —.

— ¡Por favor! ¡Responda algunas de mis preguntas! —.

Bella pasó entre el montón de paparazzis antes de poder entrar al edificio en el que ahora vivía.

Luego de ese icónico día a sus 17 años, su vida solo fue de subida.

Estudió letras en su universidad soñada, sin tener que ocultar nunca más su relación con Damián ni con nadie.

En solo 10 años había conseguido mucho más de lo que esperaba conseguir antes de que a su ahora esposo se le ocurriera hacer la grandisima locura de entrar en su hogar.

— Algo me dice que la gran «Bella Lewis» ha llegado —.

— ¡Mami! —.

Damián salió de la cocina del pent-house mientras que el pequeño Max –su hijo de tan solo 6 años– bajaba las escaleras corriendo con un libro en sus manos.

— ¿Cómo está mi bebé precioso? — Max corrió a los brazos de su madre y la abrazó con fuerza, haciendo que la mujer lo cargara y se acercara a Damián para darle un corto beso en los labios.

— Mami, mami, ¡Mami! Sabias que… —.

— Hey campeón, con calma — Bella dejó a su hijo en el suelo y el niño solo levantó emocionado el libro de química orgánica que sostenía en sus manos.

— ¿Voy a ver esto cuando comience clases? — preguntó el niño con un brillo en sus ojos. Ese brillo indescriptible que solo salía a flote cuando de verdad te apasionaba y te movía hasta la última fibra de tu ser — Porque hay muchiisimas cosas que no entiendo y quiero llegar a ver como… —

— Creo que alguien va a tomar el puesto que yo no tomé en MIT — susurró la chica a su esposo mientras el niño parloteaba sin parar.

— Si es lo que le gusta y quiere hacerlo… Yo no tengo ningún problema — susurró Damián de vuelta dando un beso en la mejilla de Bella y miraba con una sonrisa al pequeño Max.

Y así, luego de muchos años de encubrir quién era, Bella finalmente había podido tomar sus propias decisiones y hacer de su vida algo más divertido e interesante.

Las chicas buenas solo son chicas malas que no han sido atrapadas… Pero nadie logra dejar su marca siguiendo las reglas

Medicina

Medicina

— Blake… Blake, ¿Me estás escuchando? —.

Mi vista viajó del calendario con fechas tentativas para conciertos a la cara de Akel mientras arrugaba un poco la nariz al no recordar ni en qué momento su voz chillona había comenzado a hacer eco por toda la habitación.

— No sé si te diste cuenta, pero estoy ocupado — alcé ambas cejas mientras rezaba internamente porque no comenzara otro drama debido a «mi constante falta de atención» los últimos días.

— ¿Me estás diciendo que tus shows son más importantes que lo que te estoy contando? — Cerré los ojos negando con la cabeza y respirando profundo antes de comenzar a gritarle a mi novia. Últimamente, por una razón u otra, cualquier conversación por estúpida que fuera terminaba en una pelea bastante fea.

— No es eso… — me encogí de hombros mirando de nuevo las fechas para iniciar el nuevo tour — Pero Manson quería que revisara estas fechas para saber si no chocaban con… —.

— ¿Manson? ¿El idiota que derramó café sobre mi blusa favorita? Te he dicho que odio que te juntes con él y que no lo quiero cerca — la castaña rodó sus ojos cafés y miró su celular — Es tóxico — decretó desbloqueando su celular para hacer no_sé_qué.

— Manson es mi mejor amigo y es parte de mi equipo… Te guste o no, él se queda — respondí tajante y de un momento a otro mi celular comenzó a vibrar indicando la llegada de una llamada.

— No contestes, estás hablando conmigo —.

E, ignorando a Akel de manera olímpica, atendí la llamada de Manson al instante.

~ Situation? ~.

— No motivation — reí para mis adentros al responder al peculiar pero común saludo que teníamos Manson y yo.

~ ¿Revisaste las fechas? Adam está entrando en una «pequeña» crisis porque no le damos respuestas ~.

— En eso estoy — admití mirando los papeles sobre la mesa — Pero prefiero empezar en Toronto… No tengo ganas de pasar por Colombia a morir de calor lentamente — comenté riendo levemente.

~ De eso me encargo yo. No te preocupes, capitán ~.

Negué con la cabeza riendo y al ver las muecas y negaciones que Akel hacía cada vez que hablaba me hicieron callarme.

— Huh… Manson, dame media hora — dije achinando los ojos mientras clavaba mi vista en mi novia — Termino de revisar las fechas y te llamo ¿vale? —.

~ Bien, déjame conversar con Adam lo de comenzar en Toronto y terminamos de arreglar todo luego ~.

— De acuerdo… — mordí mi labio considerando lo que iba a hacer, y por revivir los viejos tiempos, continué — Destination? —.

~ Permanent Vacation! ~.

Reí colgando la llamada luego de escuchar el grito enérgico del chico unicornio (su cabello está teñido como un arcoíris… Chiste interno) para mirar a la chica frente a mi.

— ¿Sabes qué? — Akel se levantó del sillón y tomó su cartera antes de verme — No quiero saber nada de ti; no pienso quedarme en un sitio donde no me hagan caso ni me presten atención. Terminamos, Blake —.

— Que te vaya bien, Pierce — sonreí de manera cínica al llamar a la chica por su apellido. Sabía que ella odiaba aquello.

— Te vas a arrepentir de esto — me amenazó antes de salir — Voy a hundir como no tienes idea tu carrera —y sin decir nada más, se fue.

He de admitir que me reí un poco por lo que dijo ¿hudir mi carrera? Claro…

.XXX.

¿Akel Pierce consume anti-depresivos?

Hace un par de semanas la modelo Australiana fue vista entrar en una farmacia de la ciudad de Nueva York y salir de la misma con una bolsa de pastillas anti-depresivas.

Si bien es cierto que desde su ruptura amorosa con Blake Hanssen, que data de unos dos meses atrás, la bellísima modelo de 22 años ha estado decaída los últimos días, nadie pensó que esta relación fuese tan significativa para ella que terminaría lidiando con tal trastorno. Incluso confirmó lo costosa que había sido esta ruptura.

«una relación de tres años no es algo que se olvide fácilmente» dijo Akel en su última entrevista dada al equipo de RazeTV «Blake era alguien muy importante para mí, sin embargo… Nunca voy a poder volver a Blake a los ojos luego de verlo con esa chica; la manera en la que bailaban, la manera en la que la besa…»

Sin duda el cantante norteamericano no ha sabido medirse con este engaño a la pobre Akel. Incluso me atrevo a decir que este chico es algo tonto, y que no se merece el respeto de…

Cerré mi laptop negando con la cabeza. No le hice caso a la amenaza de Akel y ahora todos piensan que soy un maldito que tuvo el descaro de engañarla en su propia cara.

Yupi.

—Deberías hablar con ella, Blake — opinó Manson mientras apoyaba sus brazos en la barra de mi casa. Habíamos tenido que atrasar el tour debido a este «pequeño problema técnico» que Akel nos estaba causando.

— Yo digo que le mandemos un sicario — Andy, el baterista de mi banda y otro mejor amigo, se sentó de manera cómoda en el sillón junto a mi mientras se encogía de hombros — Un pequeño susto y una amenaza es todo lo que nos hace falta — dijo el rubio mientras sacaba su celular y ojeaba vagamente sus redes.

— ¿Y si solo desmiento lo que está diciendo y ya? — cuestioné mirando a mis amigos — No quiero cruzármela y definitivamente no voy a buscar a un sicario — respondí señalando a cada chico por su respectiva idea.

— Amigo, está tomando anti-depresivos — resaltó Manson antes de tomar una uva del tazón en la barra — No creo que todo sea… —.

— Error — canturreó Andy antes de mostrarnos los estados de WhatsApp de la chica — A menos de que los anti-depresivos sean entradas a bares y a fiestas junto a una hermosa foto la cual pone «F**k off Blake«, yo dudo bastante que tenga algún problema psiquiátrico — comentó irónico — Insisto en que la idea del sicario es la mejor —.

Pero, sin prestarle mucha atención, tomé mi celular y comencé a grabar un video para IGTV.

— Hey chicos, ¿qué tal? — comencé sonriendo de lado — Sé que muchos están confundidos y algunos están molesto por lo que está pasando con Akel, pero yo no la engañé — solté sin problema. Si algo podía agradecerle a mis seguidores es que todos eran tan flexibles y comprensivos que me permitían ser completamente transparente con ellos, sin importar de qué se tratara — No terminamos porque la engañaba; terminamos por el simple hecho de que teníamos demasiados roces y era imposible seguir así… Y no se preocupen, ella está bien; los medios mienten, Akel no consume antidepresivos — comenté tratando de calmar un poco la preocupación y la ansiedad que habían traído los mencionados medicamentos — Espero que me crean y que entiendan que no pasó nada malo. Nos vemos — y sin más corté el video y lo subí a mis redes.

— Insisto. El sicario — Manson y yo rodamos los ojos y Andy solo se encogió de hombros.

3 meses más tarde

—¡Un millón de gracias Milán! —.

Los gritos de las personas luego de finalizar el decimoquinto concierto de mi nueva gira no tardaron en hacerse presentes haciendo que Manson riera ante la sonrisa boba que se formaba en mi cara al ver mi sueño hecho realidad.

En definitiva esto si que es vida.

Luego de el desastre que había causado Akel y mi video montado en Instagram, el tiro de mi ex- novia salió por la culata y tuvo que, por sí sola, decir la verdad a los medios, desmontando el tema de la depresión y demostrando que no tenía nada… Solo resentimiento porque ya no le prestaba atención.

— Hey, Blake —.

Guardé mi guitarra en su debido estuche mientras las demás personas del staff se encargaban del resto para luego acercarme a Manson y a Andy alzando ambas cejas, a modo de decir que no sabía qué sucedía.

— Hay un bar a un par de cuadras de aquí y según lo que he escuchado es el paraíso en la tierra para pasar el rato luego de la adrenalina post-concierto — Andy juntó sus manos en forma de súplica y asentí riendo ante la descripción de la propuesta.

— No se escucha para nada como una mala idea — comenté con una sonrisa mientras miraba las notificaciones de mi celular y suspiraba con calma al no ver llamadas ni mensajes relacionados con Akel.

No recordaba que la libertad se sintiera tan bien.

— Los quiero a todos sobrios y en una sola pieza antes de las 4am en el hotel — Adam nos señaló a los tres y, en respuesta, todos alzamos nuestra mano derecha mientras coreábamos un «juramos» a forma de broma antes de caminar por las calles de Milán hacía el bar mencionado por Andy.

Entre tragos, bromas, bailes y un par de chicas coqueteándonos, pasamos el rato hasta que la hora a la que se suponía que debíamos estar en el hotel llegó; y mientras hablamos de todo y nada, Manson tuvo la valentía de preguntar — ¿Qué tal vas con lo de Akel? —

— Bastante bien… E inspirado — el rubio y el unicornio se miraron antes de alzar una ceja en mi dirección, yo solo me encogí de hombros — Camino a Atenas les cuento… —

2 meses después

« I ain’t missing you at all
I don’t need no medicine
I’m better than I’ve ever been
I’m better than
I ain’t missing you
I ain’t missing you at all
I ain’t missing you…»

— Y eso que sonaba era Medicine, el nuevo single del trío NewHopeClub, quienes tenemos justo aquí con nosotros en el estudio — la entrevistadora guiñó un ojo en nuestra dirección y, dependiendo de quién se tratase, cada uno respondió de vuelta con un gesto distinto. Andy hizo un símbolo de paz con los dedos, Manson hizo un corazón con sus manos a forma de broma y yo solo respondí con una sonrisa — Tengo entendido que esta canción fue escrita por Blake luego de terminar su relación de 3 años con la modelo Akel Pierce y salir de todo el revuelo que causó eso meses atrás… ¿Te gustaría contarnos tu experiencia y tu inspiración para esta canción? —

— Todo comenzó en los años 1500… — Andy se burló y nosotros solo reímos

— No creo que fue hace tanto tiempo — comencé mirando a Andy mientras alzaba ambas cejas y reía — Pero si se podría decir que tenía algo de tiempo teniendo roces con Akel y… —

Seguí la entrevista sin dar muchos detalles de mi relación con Akel, solo los necesarios para explicar la historia tras la canción.

¿Para qué fingir? Realmente no la extrañaba, pero en definitiva me había dado bastante de qué contar y hablar…

🎶🎶🎶

Inspirado en: Medicine, New Hope Club

Bloqueo

Bloqueo

«Con la música sonando a todo volumen a través de unos audífonos y los pulgares dando vueltas sobre el teclado, Van miraba fijamente la pantalla de su celular sin saber exactamente qué escribir.

Luego de 6 meses horribles en los cuales su vida se basaba en un retén de paredes beige, con 9 timbres diarios y 4 bloques de clases durante 5 días a la semana, la chica de cabello castaño por fin se hallaba de vacaciones y podía gastar su tiempo en algo que sí le favorecía y sí disfrutaba: escribir.

No, no estamos hablando de enviar mensajes. Estamos hablando de escribir historias que roben el aliento de quién lo lea, que intriguen, que mueva hasta la fibra más baja y sensible que alguna vez pudo existir sobre la tierra… Pero no podía hacerlo.

¿Por qué? Simple: falta de inspiración.

El haber pasado meses dentro de una escuela en la cual la imaginación, creatividad y las artes estaban vistas como el mismo demonio, habían apagado poco a poco su inspiración y sus ganas de dejar que sus dedos recorrieran el teclado y se encargaran de crear la mejor de las historias del mundo hasta el punto tal en el que un simple texto de un par de líneas se le hacía complejo.

¿Lo peor del caso? En época de clases cada dos por tres tenía una idea nueva de alguna historia o algún nuevo invento… Pero tristemente esas ideas llegaban en el peor momento.

No recordaba exactamente qué se le había ocurrido, pero durante una prueba de biología había pensando una increíble historia de ciencia ficción.
Durante una de sus largas y aburridas clases de educación física pensó en una novela de amor bastante linda.
Durante una clase tediosa de castellano…

Aquí hay que hacer una pausa: ¿clase de castellano tediosa? ¡Pero si te gusta escribir!

El hecho de disfrutar de lo bella que puede llegar a ser la literatura y el castellano, no significa que tu profesor tenga la misma versión sensible, mágica y sublime del idioma que tu; haciendo que esa clase se convierta en otro infierno de 90 minutos más.

Pero ese es tema va para otro día.

«I walk this empty street on the Boulevard of Broken Dreams where the city sleeps and I’m the only one, and I walk alone«.

Van cerró los ojos y trató de despejar su mente, buscando dentro de esas pequeñas lagunas que habían dentro de su mente alguna de las ideas que había tenido para plasmarlas en una hoja de notas y poder disfrutar de ella cuando quisiera.

Al no encontrar nada, respiró de manera profunda y cerró su laptop antes de recostarse en el respaldar de la silla de su escritorio mientras pensaba algo decente para transmitir.

Después de un tiempo, desistió de su idea y abrió nuevamente la laptop para que la música y la fantástica composición de Pink Floyd sonara con libertad por la habitación.

«All in all it’s just another brick in the wall«.

Detuvo en seco sus pasos hacia su repisa llena de libros de distintos autores y poetas al escuchar esa precisa frase. Y su mano soltó el libro de Cassandra Clare que estaba a punto de dejar en el estante mientras murmuraba a la nada la frase que le daría el pequeño empujón para pasar el resto de la tarde perdida entre letras y personajes literarios:

— Malditos bloqueos producidos por el sistema —» 

— Muy bonita la idea de libertinaje que se cruza por su cabeza, Roseville; pero me temo que esta hoja comenzará a formar parte de la basura y debe pasar por la oficina del director para hablar acerca de su constante falta de atención debido a «esta cosa» —.

La profesora terminó de leer en voz alta y luego arrugó la hoja en la cual Vanessa escribía de manera vaga para luego echarla en la basura mientras le ordenaba a los gritos a la chica que se largara de su aula de clases.

Conteniendo sus ganas de gritarle a la anciana que probablemente rozaba los 72 años, Vanessa recogió sus cosas y salió del aula de clases murmurando algunas frases como «solo buscan a otro ladrillo, no haces nada malo«…

— A ella según y que le gusta escribir. ¿Entonces por qué no toma apuntes en mis clases? —.

La risa sonora a las espaldas de la chica provenientes de sus «compañeros de clase» hicieron que se volteara, y clavando esos ojos oscuros como carbón en la profesora de idiomas se defendió con una simple frase:

— Escribo sobre temas que realmente me parezcan relevantes o interesantes… No lo que otra persona me imponga —.

Y sin más, se dio la media vuelta caminando de manera calmada hacia la dirección mientras subía sus audífonos a sus orejas y se dejaba llevar por las piezas de artes que Green Day y The Neighborhood le brindaban aquel día… A final de cuentas, no le preocupaba lo que el director, su supervisor o cualquiera de la cuerda de insensibles que se hacían llamar «maestros» dijera, sabía que algún día esos pequeños escritos dejarían de acabar en la basura o en una carpeta de registro por mal comportamiento y llegarían a millones de personas al rededor el mundo.

Vacaciones permanentes
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Vacaciones permanentes

Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad.

El diagnóstico fue claro y sin titubeos.

La madre de Caleb miró a su hijo, el cual golpeaba la esquina del escritorio del consultorio con un bolígrafo que había recibido como regalo al entrar a la clínica que cambiaría su vida por completo.

Con solo 6 años, Caleb era cuarenta veces más entrometido, curioso y eléctrico que cualquiera de su edad; a un punto tal en el que su madre consideró llevarlo a hacer un par de pruebas para ver qué ocurría con su pequeño.

Los adultos hablaban, pero a los oídos del rubio solo llegaban murmuros que se sentían altamente lejanos; produciendo que su mente empezara a vagar y sin notarlo golpeara de manera más rápida el escritorio, produciendo un sonido más constante y molesto.

— Caleb, cariño; dame el bolígrafo — la madre del niño respiraba profundo para no regañarlo, pero el trabajo se le estaba haciendo costoso. 

— Hey, campeón — el psico-pediatra llamó la atención del chico, quién dando algunos saltos se dirigió al hombre y trató de mantenerse quieto, pero mientras este hablaba, él movía sus manos y su cabeza de un lado a otro sin poder evitarlo — En la habitación de al lado hay algunos juguetes para que te entretengas mientras yo hablo con tu madre — comentó señalando la puerta a un lado del consultorio sin sentirse ni medianamente molesto o incomodado por la constante necesidad de moverse del pequeño.

Caleb miró a su madre mientras esta suspiraba y asentía con la cabeza antes de ver como su hijo salía disparado hacia la sala de juegos, dejando solo al doctor con su madre.

— Va a estar bien — animó el psicólogo mirando a la mujer con una sonrisa tranquilizadora, quien tenía una mueca formada en su rostro mientras miraba a la puerta por la cual su hijo acababa de salir…

10 años más tarde.

Dices que soy demasiado complicado… Torpe y maleducado.

— Levine… 3 — Caleb recibió su prueba de química y rodó los ojos mientras ojeaba levemente la prueba sin darle mucha importancia. La Señorita Brown, al notar el gesto del alumno alzó ambas cejas mientras se bajaba las gafas — No es mi culpa que no tengas los conocimientos básicos en química, ¿O si? — cuestionó cruzándose de brazos mientras miraba al muchacho.

Yo digo que del 9 al 5 está sobrevalorado y que todos caemos muy bajo.


— Nunca lo dije — expresó el muchacho de ojos miel mientras se encogía de hombros y jugaba con las esquinas de la prueba y la profesora acababa de entregar todas las pruebas restantes.

Luego de eso, la señorita Brown comenzó con su clase, haciendo que, como siempre, Caleb se distrajera y mirara al techo mientras su mente maquinaba gran cantidad de ideas y de imágenes a la vez; haciendo que el chillón y agudo tono de voz de la Señorita Brown pasara a solo ser otro murmullo dentro del montón.

— Levine, ¿Algo que comentar al respecto? —.

— ¿Ah? —.

Toda la clase comenzó a reírse al escuchar la respuesta del chico, pero a todas estas Caleb no tenía idea de qué acababa de ocurrir.

Como si el cielo estuviese de su lado, el timbre que daba por finalizado el día de clases sonó; haciendo que Caleb se levantara instantáneamente de su asiento y saliera disparado hacia la salida para dirigirse a su hogar.

Al llegar a casa soltó sus cosas en la entrada y luego de gritar un «¡Llegué!» lo suficientemente alto para que sus padres lo escucharan, subió a su habitación para cambiarse de ropa por algo más cómodo para hacer algo de deporte y así matar la energía y el tiempo en algo un poco más productivo.

— Alto ahí jovencito —.

Caleb detuvo su trote antes de llegar a la puerta y ver a su madre con su prueba de química en las manos, razón por la cual echó su celular y sus audífonos en su bolsillo para comenzar a hablar justo luego de hacer ese movimiento.

— Ma, sabes mejor que nadie que detesto química… Es más, ni siquiera la entiendo — comenzó el muchacho comenzando a sentirse incómodo por la mirada que la mujer brindaba a su hijo — Me aburre y me da sueño…

No puedo dormir porque mi mente sigue corriendo.

» Y me molesta demasiado que esté obligado a aprenderme todos las reacciones químicas cuando las dos neuronas que juegan poker en mi cerebro podrían entretenerse en algo mejor…


Mi pecho duele porque mi corazón sigue rompiéndose.

» Además, sabes que me produce ansiedad no poder moverme ni decir nada durante 90mins —.


Estoy tan adormecido que no puedo dejar de temblar y todos caemos demasiado bajo.


— Caleb… Cariño… — Jenna dejó de lado el trozo de papel y se acercó a su hijo dando un fuerte abrazo al muchacho — Sé que tu y las ciencias no se llevan bien, y sé que te cuesta… De verdad te entiendo — la mujer suspiró y reposó una de sus manos en la mejilla de su hijo — Pero no te gusta colaborar tampoco. No te gustan las terapias, te escapas de los tratamientos… Ni siquiera tomas tus medicinas —.


Frustración, desesperación. Dices que necesito algún tipo de medicación.

Situación: 0 motivación.

Caleb negó con la cabeza y se apartó de su madre — Las voces vienen de los altavoces, pero no puedes hacerme un creyente — el chico caminó con una extraña calma hasta la puerta, y antes de irse, se dio la vuelta y miró a su madre mientras pronunciaba una simple frase:

— Sé que soy solo otro número de un bajo rendimiento y que, a pesar de todo, estamos orgullosos —.


Y luego de eso, solo se fue a correr mientras trataba de despejar su mente… Pero sabía que no podía hacerlo.

Destino: Vacaciones Permanentes

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